Disciplina positiva. Introducción

En nuestro mundo agitado e hiperactivo, poco tiempo tenemos de parar y analizar las herramientas con las que contamos para educar a las nuevas generaciones, usamos entonces las herramientas heredadas, útiles quizá (y más bien quizá no) en otro momento cuando la sumisión era aceptada por grupos minoritarios, mujeres y niños.

Cuando llegó a mi vida un hermoso bebé, seguí instintivamente una crianza de apego y los años pasaron y el bebé evolucionó en un nené inquieto, feliz e inteligente que como las masas se negó a la obediencia. Tuve que buscar entonces en mi “caja de herramientas de crianza” que era lo que tenia a la mano.

Me encontré entonces con que tenía “serruchos” para quitar privilegios, “grapadoras” para enganchar premios y elogios, “martillos” para pegar gritos y golpes, “metros” para medir y comparar. No era una “caja de herramientas” respetuosa realmente, pero sin ella simplemente me encontraba sin herramientas y me aterraba no tener con qué construir un adulto para el futuro.

Y como minero en la búsqueda del oro, minuciosamente busqué bajo cada piedra, encontrándome primero a mí y entendiendo luego que la obediencia o sumisión no eran mi meta, luego me topé con herramientas respetuosas y amorosas que se basaban en la capacidad ya existente del niño de ser social, de querer pertenecer y ser amado, herramientas que creen que el niño es bueno por naturaleza y sólo necesita guía, amor y firmeza: La Disciplina Positiva hizo que tirara la vieja “caja de herramientas” y me permitió guiar a mi hijo en su crecimiento natural y perfecto.

La disciplina positiva está basada en varios conceptos:

• Transmitir el mensaje del amor y respeto, creando sentido de conexión y pertenencia.

• Ser firme y amable al mismo tiempo.

• Identificar las creencias detrás del comportamiento. Una disciplina efectiva es aquella que entiende las razones por las cuales los niños hacen lo que hacen y trabaja en cambiar esas creencias, en lugar de tratar simplemente el comportamiento.

• Aprovechar los errores como oportunidades de aprendizaje.

• Permitirle a los niños explorar las consecuencias de sus decisiones (a través de preguntas curiosas) en lugar de consecuencias (una forma de castigar disimulada) para que paguen por sus errores.

• Enfocarse en soluciones: Involucrando al niño en la creación de ellas.

• Enseñarles habilidades interpersonales e intrapersonales como: Autodisciplina, autocontrol, autoevaluación, cooperación, comunicación asertiva y empatía hacia los demás.

• Invitar a los niños a percibirse como una persona capaz con un propósito de vida. Anima el uso del poder personal y autonomía.

• Fomentar la motivación intrínseca.

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Y ahora, como mamá de dos hermosos hijos y guía certificada como educadoras de Padres en Disciplina Positiva, sigo estos conceptos y aún lucho por olvidar mi “caja de herramientas” pero cada día crezco junto a mis hijos y tomamos los errores como oportunidades de aprendizaje. 

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