Mis hijos no son el centro de mi vida.

No vayan a malinterpretar, amo a mis hijos, tanto les amo que no les cargo con la responsabilidad de ser el centro de mi vida, esa responsabilidad es mía y solo mía. Y para ser sincera realmente me ha costado y me cuesta retirar a mis hijos de ser el centro de mi vida, pero se los debo a ellos y a mí.

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De bebés mis hijos necesitaban todo de mí. Mi cuerpo, mi alimento, mi protección, mi calor y mis brazos debían estar dispuestos para saciar sus necesidades y siempre que pude lo estuvieron. En esos momentos fácilmente caía en poner al bebé como centro de mi vida, pero bien explica Jean Liedloff, en su Teoría del Continuum, por qué no debemos hacerlo:

“Una madre o un padre que sólo se dedica a cuidar de su hijo lo más probable es que se aburra y resulte aburrido para los demás, y no sólo eso, sino que cuide a su hijo de una manera incompleta. Un bebé necesita estar en medio de la vida de una persona activa, manteniendo un constante contacto físico y siendo estimulado por una gran parte de aquellas experiencias de las que el bebé participará en el futuro. El papel de un bebé en brazos es pasivo, observa con todos sus sentidos. Sólo de vez en cuando disfruta de una atención directa, de besos, de que le hagan cosquillas, lo lancen al aire… Pero su principal tarea es contemplar las acciones, las interacciones y el entorno del adulto o del niño que lo cuida. Esta información prepara al bebé para ocupar su lugar entre su gente al haber entendido lo que ésta hace. Frustrar este poderoso deseo mirando inquisitivamente, por así decirlo, a un bebé que te está mirando de manera inquisidora, le crea una profunda frustración; esposa a su mente. El deseo del bebé de ver una figura central fuerte y ocupada, a la que él pueda ser secundario, es minado por una persona necesitada emocionalmente y servil que está buscando la aceptación o la aprobación de su hijo. El bebé enviará cada vez más señales, pero no serán para pedir más atención, sino para que se le incluya en la experiencia del adulto. La mayor parte de la frustración del bebé está causada por su incapacidad de obtener la solución adecuada por parte del adulto al señalarle que hay algo que no va bien.” (Mas información sobre este planteamiento, ir a Las infelices consecuencias de vivir centrado en el nino)

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En este camino de ser YO el centro de mi vida, el concepto del respeto mutuo crece y explota. Entiendo entonces que mi hijo ya no es bebé, que es un preescolar activo y ávido de experiencias, entiendo que él es otro y que ese otro puede estar en desacuerdo conmigo e igual amarnos y respetarnos. Respeto entonces sus deseos  a vivir fracasos con la cuchara y la sopa, respeto su necesidad de decirme “NO!”, respeto sus luchas-frustraciones-aprendizajes, respeto sus momentos de enojo. Todo lo anterior lo respeto y no lo tomo personal, es el proceso de formación y crecimiento de mi hijo por eso le acompaño y le muestro empatía, pero no por eso derrumbará mi centro. Ya no puedo culparle cuando pierdo la paciencia o grito o reacciono irracionalmente, porque YO soy el centro de mi vida, YO soy la responsable de mis pensamientos y acciones. Soy la única responsable de crear estrategias que me hagan ganar en autocontrol, por eso yo me ocupo de cuidar de mí, de nutrirme, de hacerme feliz. Soy la responsable de llenar mi jarra interna de paz para así tener paz para ofrecer.

Como dice Gigliola Nuñez, de Disciplina con Amor “La disciplina positiva se trata de respeto mutuo, firmeza y amor, pero sólo un padre que ha cuidado de sí puede tener autocontrol y ser así un líder amoroso para su familia.”

Pámela Moreno

Mujer – Mamá de dos – Esposa
Publicista – Bloguera
Educadora de Padres en Disciplina Positiva –
Miembro de la Asociación Internacional Positive Discipline Association

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Silla de pensar/Tiempo Fuera según Disciplina Positiva

Silla de pensar/Tiempo Fuera según Disciplina Positiva

Cuando escuché por primera vez sobre el tiempo fuera (Time Out), la idea era llevar al niño a un “sillón de pensar” o rincón, obligarle a estar ahí solo y dejarle para que recapacite sobre su comportamiento. Era evidentemente un castigo sin maltrato físico y ampliamente recomendado en varios programas de tv, profesoras de escolar y psicólogas, así que me animé a usarlo con mi hijo mayor.
Usé este tiempo fuera punitivo, pensando que le ayudaba a reflexionar y así evitaba futuros malos comportamientos. Le pedía desde los dos años que se retirara a reflexionar y que estuviera en el “sillón de pensar” un minuto por año cumplido, es decir que inició con dos minutos “pensado”.

Luego mi hijo entró al jardín y fue mandado a “pensar” con más frecuencia y un día, luego de cumplidos los 3 años me dijo: “Sabes? no me gusta pensar!!”. Que gran cachetada me dio la vida! Eso es lo que le estoy enseñando a mi hijo? Realmente estaba alejando a mi hijo del objetivo de reflexión, y como a cualquier castigo lo rechazaba y le llenaba de rencor, culpa, etc.
Luego de esto lo suspendí, y mas tarde me encontré, durante mis estudios de disciplina positiva, con el Tiempo-Fuera-Positivo ó “Tiempo Dentro”.

Debo confesar que con cierto temor leí del tema e indagué, y me encontré con un tiempo de reflexión respetuoso, para mí y para mis hijos, con un objetivo claro en ayudar y no en castigar.

El retirarnos de la situación, tiene un fondo biológico: Cuando estamos molestos, tanto niños como adultos, perdemos acceso a una parte del cerebro que nos permite pensar en soluciones y actuar racionalmente y, en cambio, se despierta el cerebro instintivo y animal, así que somos reactivos, amenazadores y buscamos soluciones a corto plazo.

Así que esta herramienta, usada de manera no punitiva sino como una elección para sentirnos mejor, es realmente valiosa, teniendo en cuenta:

– El tiempo fuera positivo, puede ser redefinido en nombre, para que sea amigable para nuestros hijos: Rincón feliz, Sala de Relax, etc.

– Junto a nuestro niños decoramos un espacio de casa con cosas que puedan ayudar a calmarnos: Crayolas, juguetes suaves, cojines, tapete suave, revistas, etc. Los niños usualmente tienen ideas espectaculares para decorarlo.

– Con anticipación los niños deben saber que tienen LA OPCIÓN de ir libremente cuando necesiten sentirse mejor. Es importante ser ejemplo para nuestros niños, cuando estemos molestos ir nosotros al lugar de calma (puede ser el mismo para todos o uno especial para cada miembro de la familia) y volver con un ánimo nuevo a resolver el conflicto.

– Luego de ser nosotros ejemplo, ya podemor invitar respetuosamente a nuestros niños a ir al lugar de calma cuando los veamos molestos, ofrecérselo como una opción libre, podemos acompañarlos mientras se tranquilizan, y así, les estamos entrenando a buscar la calma en momentos conflictivos, para luego racionalmente buscar soluciones y no culpables.

No sería maravilloso si nosotros como adultos tuviéramos ese entrenamiento? Cuántas batallas evitaríamos?

Como siempre esta es una herramientas más y no siempre funcionará, por eso es importante tener muchas estrategias y ofrecer este tiempo fuera como una alternativa: “Quieres ir al rincón de calma o prefieres escribir tu problema para hablarlo en una reunión familiar?”, así realmente será respetuoso y no se caerá en una lucha de poder pa(ma)dre/ hijo por ir o no a este lugar especial.

Estos son algunos ejemplos de rincones de la calma que encontré en la web y pueden inspirarlos:

http-::teachinginprogress.blogspot.com:2012:10:why-i-will-never-use-behavior-chart
http-::teachinginprogress.blogspot.com:2012:10:why-i-will-never-use-behavior-chart
https-::www.flickr.com:photos:mindfulone
https-::www.flickr.com:photos:mindfulness 
pinterest
pinterest

Tú eres el único responsable de Tu felicidad.

–       Mamá, Juan me está diciendo palabras feas!!!

–       Dile que te respete

–       Mamá, Juan me está empujando!!!

–       Dile que eso no te gusta, que juegue suave

Y así podría contarles de muchas veces que mi hijo de 4 años, entraba a casa llorando ó triste ó muy molesto porque un amigo le había faltado al respeto. A veces volvía a salir a lidiar con su “problema” con las pocas herramientas que tenía, otras prefería quedarse a mi lado y perderse del juego.

La situación ameritaba más estrategias, más habilidades de vida. ¿Pero qué podría ayudar a mi hijo? Pensé mucho qué podría ser, pero siempre llegaba a lo mismo, si Juan no quería o podía ser amable con mi hijo, yo no podía hacer nada. ¡Yo no tenía poder sobre Juan! Y ahí, lo evidente se hizo visible:

No podemos controlar a Juan.

Mi hijo no puede controlar a Juan.

Mi hijo solo puede controlar su respuesta.

Sabiendo que pronto mi hijo vendría a contarme sobre Juan, esperé a que viniera:

–     Mamá, Juan me ha dicho tonto.

–     Lo siento hijo, eso te puso triste según veo. (abrazo) ¿Qué quieres hacer?

–     Quiero ir a jugar, pero Juan me molesta. Ya le dije que me respetara.

–     Y que hizo Juan después?

–     Me siguió molestando

–     Ya veo. Juan decidió seguir irrespetándote.

–     Sí, siempre hace eso

–     Y tú que puedes hacer?

–     Le voy a empujar!!

–     Podrías empujarlo, claro, dale empújame y yo soy Juan.

–     Tonto Juan (empujón)

–     Tú eres más tonto (y simulando, me voy contra mi hijo para empujarle más fuerte –sólo lo tomé pero simulé un empujón-) Así podría reaccionar Juan, cierto hijo?

–     Si mamá.

–     ¿Entonces, empujarlo ha tenido resultado o ha hecho las cosas peor?.

–     Peor

–     Ok, entonces intentemos otra cosa, que más podrías hacer tú?

–     Podría no jugar con Juan

–     Si, podrías. Qué más?

–     Podría ir donde Miguel.

–     Que bien. Qué más?

–     Podría decir lo del pez “No oigo nada soy de palo, tengo orejas de pescado”

–     Sí, también podrías decidir no escuchar lo que te dice Juan. Lo importante hijo, es que ambos entendimos que solo Juan puede decidir él que hará, ni tú ni yo podemos controlarlo. Sólo podemos controlar lo que nosotros haremos. Tú puedes decidir si permitirás que Juan te ponga triste y dejes de jugar, ó si por el contrario, no le pondrás atención y jugarás feliz de otras maneras. Tú eres el único responsable de Tu felicidad.

¿Crees que puedes salir a intentar alguna de tus ideas?

–    Sí mamá, sí puedo. Bye.-    Acá estoy si necesitas que pensemos más ideas, te amo.

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No es fácil ser el responsable de nuestra felicidad, pero es lo único cierto y nuestro gran súper poder.