CONFIAR Y NO INTERVENIR

CONFIAR Y NO INTERVENIR

Texto publicado originalmente por nosotros en ABRAZARTE PORTABEBES, puedes leerlo aquí.

“Un día un hombre encontró el capullo de una mariposa que estaba luchando para salir. Se sentó a observar mientras la mariposa intentaba salir por un pequeño hueco. Hora tras hora la mariposa luchaba, tratando de forzar su cuerpecito a través de ese hueco pero no pudo hacer nada. Pasaron otras horas en las que la mariposa no hacía ningún progreso.

Le pareció al hombre que la mariposa había llegado a un punto en que no podía hacer más, entonces decidió ayudarla. Con un par de tijeras abrió más el hueco en el capullo para dejar que la mariposa saliera. Salió la mariposa enseguida pero con su cuerpecito todo hinchado y sus alas arrugadas.

El hombre seguía observando a la mariposa porque esperaba que en cualquier momento las alas se enderezarían para poder sostener el cuerpo que, en poco tiempo, se deshincharía; pero no sucedió, de hecho la mariposa pasó el resto de su corta vida arrastrándose en el suelo con un cuerpo hinchado y unas inútiles alas arrugadas. Nunca pudo volar y rápidamente cayó presa de otros insectos.

El hombre, en su bien intencionada bondad y afán, no había entendido que el pequeño hueco en el capullo, el cual obligaba a la mariposa a luchar tanto, era la manera de Dios y de la naturaleza de forzar a que el líquido del cuerpo de la mariposa pasara a sus alas para prepararse para el vuelo una vez liberada del capullo. “

Cuántas veces vemos a nuestros hijos saliendo de ese capullo, lenta y torpemente, y nos llenamos de ansiedad e intervenimos. Lo hacemos ya sea por la ansiedad del inmediatismo o porque pensamos que nuestros hijos son incapaces sin nosotros, lo hacemos por rescatarlos de sufrir, por que los amamos, pero en el acto les impedimos crecer y volar.
Este cuento nos invita a muchas reflexiones, a confiar en el proceso natural que nuestros hijos tienen, a confiar en la sabiduría del paso lento y torpe que vemos en el proceso del otro, a confiar en nosotros mismos como observadores y guías, a ver los obstáculos y retos como las maravillosas oportunidades de crecimiento que son y poderlos así vivir plenamente sin buscar la salida rápida.

¿Cuál es hoy el orificio en el capullo que atraviesa tu hijo? ¿Cuál es el proceso que el niño vive que te está demandando que no intervengas y que le tengas fe?

Pámela Moreno
Mujer – Mamá de dos – Esposa
Publicista – Bloguera – Educadora
Educadora de Padres en Disciplina Positiva –
Miembro de la Asociación Internacional Positive Discipline Association
Síguenos en nuestra página en facebook
o en twitter 
Foto tomada de: http://www.inhabitots.com/wp-content/uploads/2009/05/butterfly.jpg

Mis hijos no son el centro de mi vida.

No vayan a malinterpretar, amo a mis hijos, tanto les amo que no les cargo con la responsabilidad de ser el centro de mi vida, esa responsabilidad es mía y solo mía. Y para ser sincera realmente me ha costado y me cuesta retirar a mis hijos de ser el centro de mi vida, pero se los debo a ellos y a mí.

….

De bebés mis hijos necesitaban todo de mí. Mi cuerpo, mi alimento, mi protección, mi calor y mis brazos debían estar dispuestos para saciar sus necesidades y siempre que pude lo estuvieron. En esos momentos fácilmente caía en poner al bebé como centro de mi vida, pero bien explica Jean Liedloff, en su Teoría del Continuum, por qué no debemos hacerlo:

“Una madre o un padre que sólo se dedica a cuidar de su hijo lo más probable es que se aburra y resulte aburrido para los demás, y no sólo eso, sino que cuide a su hijo de una manera incompleta. Un bebé necesita estar en medio de la vida de una persona activa, manteniendo un constante contacto físico y siendo estimulado por una gran parte de aquellas experiencias de las que el bebé participará en el futuro. El papel de un bebé en brazos es pasivo, observa con todos sus sentidos. Sólo de vez en cuando disfruta de una atención directa, de besos, de que le hagan cosquillas, lo lancen al aire… Pero su principal tarea es contemplar las acciones, las interacciones y el entorno del adulto o del niño que lo cuida. Esta información prepara al bebé para ocupar su lugar entre su gente al haber entendido lo que ésta hace. Frustrar este poderoso deseo mirando inquisitivamente, por así decirlo, a un bebé que te está mirando de manera inquisidora, le crea una profunda frustración; esposa a su mente. El deseo del bebé de ver una figura central fuerte y ocupada, a la que él pueda ser secundario, es minado por una persona necesitada emocionalmente y servil que está buscando la aceptación o la aprobación de su hijo. El bebé enviará cada vez más señales, pero no serán para pedir más atención, sino para que se le incluya en la experiencia del adulto. La mayor parte de la frustración del bebé está causada por su incapacidad de obtener la solución adecuada por parte del adulto al señalarle que hay algo que no va bien.” (Mas información sobre este planteamiento, ir a Las infelices consecuencias de vivir centrado en el nino)

DSC_0701

En este camino de ser YO el centro de mi vida, el concepto del respeto mutuo crece y explota. Entiendo entonces que mi hijo ya no es bebé, que es un preescolar activo y ávido de experiencias, entiendo que él es otro y que ese otro puede estar en desacuerdo conmigo e igual amarnos y respetarnos. Respeto entonces sus deseos  a vivir fracasos con la cuchara y la sopa, respeto su necesidad de decirme “NO!”, respeto sus luchas-frustraciones-aprendizajes, respeto sus momentos de enojo. Todo lo anterior lo respeto y no lo tomo personal, es el proceso de formación y crecimiento de mi hijo por eso le acompaño y le muestro empatía, pero no por eso derrumbará mi centro. Ya no puedo culparle cuando pierdo la paciencia o grito o reacciono irracionalmente, porque YO soy el centro de mi vida, YO soy la responsable de mis pensamientos y acciones. Soy la única responsable de crear estrategias que me hagan ganar en autocontrol, por eso yo me ocupo de cuidar de mí, de nutrirme, de hacerme feliz. Soy la responsable de llenar mi jarra interna de paz para así tener paz para ofrecer.

Como dice Gigliola Nuñez, de Disciplina con Amor “La disciplina positiva se trata de respeto mutuo, firmeza y amor, pero sólo un padre que ha cuidado de sí puede tener autocontrol y ser así un líder amoroso para su familia.”

Pámela Moreno

Mujer – Mamá de dos – Esposa
Publicista – Bloguera
Educadora de Padres en Disciplina Positiva –
Miembro de la Asociación Internacional Positive Discipline Association

¿No puedo darle todo a mi hijo?

¿No puedo darle todo a mi hijo?

Muchos padres han recibido el mensaje de profesionales y amigos que dicen “No se le puede dar todo a los hijos” “Los hijos tienen que frustrarse de vez en cuando”. La verdad me encanta que estos profesionales y amigos tengan tanto positivismo de la vida, pensando que si no le advierten a los padres que “No les den todo”, los padres podrán darles todo… TODO no tiene límites… TODO es tan amplio como la vida, así que me encanta que alguien realmente crea que un padre tiene que hacer un “esfuerzo” para no dar todo, cuando en la realidad económica actual, el dinero y el tiempo son tan escasos.

Supongamos entonces que estos mensajes realmente quieren decir que no debemos darle a nuestros hijos todo lo que podemos darles, que debemos reprimirnos a propósito por el simple hecho de crear frustración y por ende crecimiento, y esto va en contra de mis creencias. Para mí los niños son puros, buenos, son nuestros maestros, son seres que merecen un trato igualitario de respeto y dignidad. Esto quiere decir que son igual de importantes que los adultos, que no son más importantes que los adultos tampoco y que todos merecemos respeto y consideración en igual medida.

Por eso, ante las aseveraciones anteriores, estoy completamente en desacuerdo. Yo no intento frustrar a nadie que amo y respeto. Lo cual no significa que ese alguien no se frustrará jamás, pues la vida, en espacial para un niño, está llena de episodios frustrantes. ¿Recuerdan cuando aprendieron a atar sus zapatos? Grgrgr era frustrante no lograrlo!!! Bueno, yo creo que la vida da muchas oportunidades para vivir la frustración y sobreponerla, sin necesidad de que los adultos creemos un complot a su alrededor.

Teniendo esto presente, la pregunta sería ¿Cómo logro que un episodio frustrante, sea un momento de aprendizaje y creación de resiliencia? La respuesta es simple, CONFIAR. Confiar en que nuestros hijos podrán lidiar son sus sentimientos y crearán estrategias para resolver sus conflictos, confiar en la vida que le trajo esta experiencia con un propósito, confiar en nuestro poder de permanecer al margen. Cuando los padres, por el contrario, ante estas oportunidades de vida rescatamos a nuestros hijos, les robamos maravillosas oportunidades de crecer. Cuando, usando el mismo ejemplo, decimos algo como “No te preocupes, yo lo hago por ti”, o “No es nada, no te preocupes”, estamos dando el mensaje al niño de que él no puede solo, que no confiamos en sus capacidades, pero también le estamos diciendo “No tienes que intentar nada… yo lo haré por ti”. Así los niños compran el mensaje de que siempre otro les hará las cosas, de que es angustiante tomar riesgos, de que el mundo no requiere de esfuerzo ó de que él no está hecho para luchar y sobreponerse.

Y así como cuando mi esposo, mi mamá o mi mejor amiga, está viviendo un proceso frustrante, así mismo acompaño al niño en el proceso de frustración. Entonces además genero una gran oportunidad de enseñar empatía, valentía, coraje, persistencia y fe.

Pámela Moreno

Mujer – Mamá de dos – Esposa
Publicista – Bloguera –
Educadora de Padres en Disciplina Positiva –
Miembro de la Asociación Internacional Positive Discipline Association

RESPETO: UN CAMINO DE DOS SENTIDOS

RESPETO: UN CAMINO DE DOS SENTIDOS

La gran premisa de la Disciplina Positiva es “FIRME Y AMABLE AL MISMO TIEMPO”.
La amabilidad habla del respeto por los niños, de ponernos en su lugar, conocer sus límites; y la firmeza habla del respeto por mí mismo, conociendo mis límites.

En el día a día como padres, es muy fácil caer en uno de los lados de la balanza, según como nos sintamos más cómodos actuando, pero

¿Cuál es el resultado de inclinarse hacia un lado de la balanza cualquiera que este sea?

DOLOR E INJUSTICIA.

Eso siente quien no recibe el trato de respeto que se merece.

Una educación autoritaria, tiene mucho de firmeza y poco de amabilidad, los niños no reciben entonces el trato respetuoso que se merecen y terminan por rebelarse o rendirse, según su personalidad.
Por otro lado, cuando una crianza se inclina más hacia la amabilidad y poca firmeza, caemos en una crianza permisiva, y el padre termina por cansarse al no recibir el respeto que se merece, dando como resultados actitudes hacia sus hijos de “¡Haga lo que quiera!” ó “¡Me cansé de ser amable y ya no lo seré, ni un poco!”.

Por esto, el balance constante entre la amabilidad y la firmeza, es una habilidad de vida que debemos practicar, si no la tenemos ya aprendida.

Muchos padres que se inclinan por la firmeza sienten que la amabilidad es rescatar o malcriar a sus niños, y no es así, la amabilidad es respeto cuando CONFÍO en mi hijo para solucionar sus problemas, cuando soy EMPÁTICO con sus sentimientos y le acepto vivirlos, cuando le PERMITO vivir sus consecuencias naturales con dignidad, cuando no lo trato como un ser débil y sin capacidades.

Mientras que los padres que se inclinan por al amabilidad sienten que la firmeza son castigos, regaños, recriminaciones… La firmeza es respeto cuando conozco mis límites y no los traspaso, cuando hago valer los acuerdos hechos con anticipación, cuando respeto la situación y a quienes nos rodean, cuando no actúo en contravía de los valores promovidos en pro de hacerlo fácil ó rápido.

Es una gran lección para nuestros hijos que sean respetuosos, pero para que lo sean tienen que vivir el ser respetados y que mamá, papá se respeten a si mismos.

Veamos un ejemplo: Tu hijo empieza a hablarte de forma irrespetuosa. ¿Se te ocurre una manera como ser firme y amable al mismo tiempo? ¿Una manera de respetarte a ti, y respetar a tu hijo?

Algunas ideas:
– Retirarte en silencio y ya luego, cuando ambos estén calmados, hablar “Antes estabas muy molesto, acepto eso pero no la forma como me hablaste. Te amo, pero cuando me hables mal me voy a retirar y cuando estés listo para hablarme bien, me puedes buscar”
– “Sé que puedes decirme esto en forma respetuosa”
– “Hablemos luego, así no puedo escucharte” y retirarse.

Recuerda que no podemos hacer que otro nos traten con respeto, sólo podemos tratarnos con respeto nosotros mismos.

Jane Nelsen decía “Yo era exclusivamente amable hasta que me hartaba de mis hijos, y luego era exclusivamente firme hasta que me hartaba de mi misma”

¿Puedes hacer una lista de situaciones donde hoy día actúes exclusivamente amable o exclusivamente firme y cómo podrías retomarlas siendo firme y amable al mismo tiempo? ¡Me encantaría leerlas!